T’aqrachullo, un conjunto de ruinas poco exploradas en los Andes del sur del Perú, se ha convertido en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del país tras nuevas excavaciones lideradas por el Ministerio de Cultura entre 2019 y 2024. El sitio, ubicado en Cusco sobre una meseta cercana al río Apurímac, reveló estructuras monumentales, objetos ceremoniales y miles de piezas metálicas que cambiaron por completo la percepción sobre su relevancia dentro del antiguo Tawantinsuyo.
La investigación cobró proyección internacional luego de que National Geographic publicara un reportaje donde detalla que las ruinas se extienden por unas 17 hectáreas, una superficie que supera ampliamente el tamaño de Machu Picchu, con más de 300 recintos de piedra utilizados como viviendas, santuarios y espacios funerarios. En 2022 se produjo uno de los hallazgos más espectaculares: el equipo del arqueólogo Dante Huallpayunca encontró casi 3.000 lentejuelas de oro, plata y cobre dentro de una bolsa de cuero, asociadas al siglo XVI y a atuendos de la élite inca en ceremonias religiosas, junto con collares, pulseras, anillos y restos vinculados a rituales al agua y al sol.
Los especialistas debaten ahora si T’aqrachullo corresponde a la mítica ciudadela de Ancocagua, mencionada por cronistas coloniales como Pedro Cieza de León y Juan de Betanzos como uno de los templos más importantes del Imperio Inca. Investigadores como Johan Reinhard sostienen desde hace décadas que el lugar coincide con las descripciones históricas, y los nuevos hallazgos —incluido un gran templo ceremonial, evidencias de ocupaciones Wari y Qolla y estructuras con hasta 2.000 años de antigüedad— refuerzan la hipótesis de un centro religioso de larga duración.
Las excavaciones también revelaron indicios de conflictos armados, con proyectiles de piedra, puntas de lanza y esqueletos con heridas violentas que podrían vincularse a enfrentamientos entre incas rebeldes y tropas españolas en los últimos años del imperio. Hoy, el Ministerio de Cultura impulsa trabajos de conservación y un salón de interpretación para recibir visitantes, mientras se diseña una ruta turística que integre otros complejos de la provincia de Espinar y se planifican nuevas campañas arqueológicas, condicionadas a la disponibilidad de recursos.

